31 May Luis Monje, notario de la naturaleza invisible
•FICMEC entrega su premio Brote Fotografía al pionero de la fotografía científica.
Cuando Luis Monje tiene cerca un camarógrafo profesional se lanza a compartir información sobre las especificaciones técnicas que ofrece cada una de las marcas que ambos manejan y conocen. Un observador externo registra la conversación como un diálogo entre gente experta en cámaras, pero Monje contiene más facetas. Su recorrido vital lo ha llevado a ser al mismo tiempo fotógrafo, científico y aventurero, porque este licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Alcalá es también uno de los más encumbrados expertos en imagen científica y un miembro habitual de expediciones que conllevan más aventuras que las asociadas a la ampliación del conocimiento, aquellas que son habituales cuando la gente se lanza a los lugares más recónditos e inhóspitos del mundo en pos de nuevos saberes sobre la naturaleza.
El planeta tiene sus límites conocidos, ha sido explorado desde que la especie humana se lanzó a recorrerla y, con perspectiva científica, ha sido reconocida de manera sistemática desde al menos varios siglos. Es difícil hacer nuevos descubrimientos; sin embargo, las innovaciones tecnológicas permiten, incluso, reclaman, volver a patear el mundo, volver a registrarlo, para obtener nuevas visiones, desconocidas hasta ahora.
Su capacidad para aplicar las innovaciones tecnológicas en el ámbito de la fotografía con la intención de obtener nueva información científica es lo que ha hecho de Luis Monje un pionero. Esa labor le ha valido obtener, entre otros, los primeros premios de Investigación de Castilla-La Mancha (1987) y el Europeo Philips Quality Award (1985), además del Francisco Díaz de Investigación de la Universidad de Alcalá y la Medalla de plata de este mismo centro universitario (ambos reconocimientos, en 2014).
Monje se encuentra en Garachico invitado por el Festival Internacional de Cine Medioambiental de Canarias (FICMEC) en su 28ª edición, para entregarle su premio Brote de Fotografía e invitarlo a dirigir el XII taller de Fotografía medioambiental, donde ofrece una pequeña píldora de los conocimientos y técnicas que aborda en el posgrado internacional que imparte en la universidad. “Mi intención es despertar el gusanillo de la gente” con unos conocimientos básicos, apunta, porque todo el saber acumulado después de obtener las más de 620.000 imágenes de ciencia y naturaleza que forman parte de su archivo ya está concentrado en ese posgrado, no se puede condensar más aún.
La pasión de Monje es “la fotografía de lo invisible”, aunque en su trayectoria se encuentran hitos tan significativos como haber fotografiado algo tan palpable como el árbol más alto del mundo, o el más ancho o haber participado en el trazado del mapa de la vegetación de México y registrar paisajes a lo largo de 77 países.
En sus fotos de la naturaleza que es imperceptible por el ojo humano ha desvelado lo que ocurre en el espectro infrarrojo y en el ámbito de la luz ultravioleta. Las fotografías en las que se aísla la luz ultravioleta permiten “ver cómo ven los insectos las flores”, algo que es de una belleza extraordinaria, además de desconcertante para el ser humano y que, sobre todo, aporta información científica muy interesante, como la que apuntala la teoría del “patrón diana”, que plantea que, en el ámbito de la radiación ultravioleta, las plantas ofrecen a los insectos marcas que los guían hasta donde está el néctar o les indican, por su forma, cómo tienen que meterse en la flor para alcanzarlo.

Dotado de la curiosidad y el tesón que sostiene las inquietudes científicas, Monje es modesto cuando se le pregunta por el valor de su aportación a la ciencia y a las técnicas fotográficas. Desprovisto de arrogancia, explica que el gran cambio en la imagen científica se produjo con el paso de la fotografía analógica a la digital: “Fue una revolución, porque prácticamente estábamos operando con números; entonces, la fotografía dejaba de ser cristales de plata para ser números y eso nos permitía muchas operaciones matemáticas”, detalla.
Sin embargo, hay en sus logros algo que va más allá de lo que ofrece la innovación tecnológica y que está en la base que nutre a los científicos más creativos: la curiosidad, la experimentación, el deseo de llegar a lo que nunca se ha hecho. “Con las primeras cámaras digitales anteriores a la réflex se me ocurrió comprobar si tenían capacidad de captar el infrarrojo y, no solo captaban como la película, sino bastante más, hasta casi los mil nanómetros; igual ocurrió con el ultravioleta, que eso fue lo más complicado de todo, porque entramos en una zona en la que no llegaban las películas anteriores, una zona en la que los filtros ultravioletas quedaban contaminados por el infrarrojo”. Hubo que probar filtros y cócteles de filtros hasta conseguir aislar por completo el ultravioleta, “una de las cosas más bonitas que he hecho”.

Su interés por profundizar en este mundo de lo no reconocible a simple vista por el ser humano lo mantiene ideando nuevas técnicas. Así, el año pasado creó en Málaga un nuevo sistema de fotografía de schlieren, lo que permite captar las turbulencias del aire al registrar sus cambios de densidad. Una vez más, al explicar la técnica que inventó, aflora su modestia: “No era más que el cambio de los puntos del fondo que quedan distorsionados por las turbulencias del aire mediante una operación matemática”.
Así, mientras esperaba por el asado de unos pescados en uno de los clásicos chiringuitos malagueños, y tras observar la distorsión de la ciudad de Málaga a la luz del fuego empleado en esos puestos, imaginó un método para la obtención de esta imagen schlieren mediante un sistema sencillo y, además, muchísimo más barato que los aplicados hasta ahora.
En Luis Monje, razón y pasión se unen y nutren su labor. No se trata solo de medir y registrar; se trata también de amar el conocimiento y lo que esa información cuenta sobre nuestro planeta. En eso consiste también el valor que da a lo que aporta la fotografía científica a la tarea colectiva de la protección del medioambiente: “desde el instante en que la fotografía te permite conocer, describir, y si además eres un poco artista, hacer que ames una cosa… el amar una cosa ya te está comprometiendo con ella para conservarla. Además, estamos fijando científicamente los cambios que puede haber en el tiempo de la vegetación y, finalmente, si se consigue una foto maravillosa, por ejemplo, de un bosque, y la gente se enamora y sabe que eso va a ser talado, gracias a esa fotografía a lo mejor se moviliza y se salva ese bosque. La fotografía es una herramienta de primer orden de la imagen, todo se basa en la imagen y en un mundo multimedia como el actual, cada día es más importante”.
