Amazonas, el territorio usurpado

Amazonas, el territorio usurpado

The Territory (Alex Pritz, 2022)

En las nuevas perspectivas de empoderamiento que están surgiendo, los pueblos del Amazonas están adquiriendo discursos de lucha con los que afrontar las problemáticas que, si bien no son nuevas, cada día presentan una mayor agresividad.

“Adaptarnos o morir” habrán pensado los indígenas de Uru-eu-wau-wau, una pequeña zona de la amazonia brasileña que se está viendo amenazada por los “invasores”. Los invasores, que se han organizado incluso en la Asociación Río Bonito, pretenden erradicar una zona de bosque para poder construir una pequeña ciudad bajo el lema de “así es cómo se construyó Brasil”, por lo que los propios indígenas, para contrarrestar esto, se han agrupado asumiendo los discursos de las nuevas tecnologías: redes, drones, etc.

Más allá de representar una zona en constante retroceso como el Amazonas –un tema que de por sí ya se ha representado en múltiples ocasiones (sin aprender mucho de ello, por lo que parece)–, también plantea una guerra abierta entre los indígenas y los invasores, que confirma que Brasil es un país en una guerra no reconocida (a la que también habría que sumarle la problemática de las favelas).

El país sudamericano padece un racismo estructural que hace a la población estar muy segregada y coaccionada –siempre en función de la oscuridad de su piel–, por lo que lo indígenas sufren una constante persecución. Para colmo, con el ascenso al poder de Bolsonaro, la población se ha sentido protegida por el propio gobierno para protagonizar actos racistas y xenofóbicos. Por lo que, para los indígenas de Uru-eu-wau-wau, ya no solo es una cuestión de que les están quitando su hogar, sino también una cuestión de supervivencia incluso cuando salen de su poblado. Todo esto, en resumen, se podría sintetizar en el racismo estructural que padece el país y por el cual estas poblaciones no son protegidas.

El filme también se recrea en los aspectos medioambientales para denunciar la tala del Amazonas con planos cenitales recreados con animación que muestran el avance progresivo de las ciudades frente al retroceso del bosque; con fotogramas de los animales rodados en un cuidadísimo macro y con impresionantes slow motion que muestran que la violencia medioambiental tiene cierta lírica destructora que embriaga.

Las hormigas que corren por los troncos de los árboles cargando con la comida, al igual que corren los niños por medio del bosque, nos recuerdan que vivimos en un ecosistema rico y completo, haciéndonos reflexionar de que la deforestación no es algo que solo afecta al ser humano. También, su mensaje, nos hace recordar que el Amazonas es algo más que el hábitat de una determinada población: deforestar implicaría acabar con el gran pulmón del planeta y haría que las temperaturas subieran hasta convertir los ecosistemas en grandes desiertos sin vida.

The Territory, además, es una obra bien construida desde su montaje, con una estructura de los sucesos alterna y que nos posiciona en los dos bandos que ya hemos destacado y, asimismo, en diferentes perspectivas de esos grupos. Por lo que el metraje resulta muy dinámico, rozando por momentos una narrativa que recuerda más a una película de ficción que a un documental.

– Santi Lecuona



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