Atrapadores de pasados

Atrapadores de pasados

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Cirilo Leal es un atrapador de pasados. Lleva toda la vida haciéndolo y en su cofre guarda ya mil tesoros del folclore canario. Ojo: cuando hablo de folclore no me refiero a trajes de magos ni romerías, sino al «conjunto de costumbres, creencias, artesanías, canciones, y otras cosas semejantes de carácter tradicional y popular», que es la definición que le da la Real Academia Española a este sustantivo.

Cirilo Leal entiende el pasado y sabe lo importante que es tener claro de dónde venimos para poder decidir a dónde vamos. Por eso, y porque el pasado de Canarias es duro, apasionante y lleno de secretos y misterios, este periodista, dramaturgo y vividor –y volvemos al diccionario de la Academia para que no se confundan: lo llamo vividor porque es una persona «que vive la vida disfrutando de ella al máximo»– se apunta a un bombardeo cuando la cosa va de rescatar tradiciones, hablar con personas mayores, descubrir viejas historias que parecían olvidadas…

Y en uno de esos bombardeos vino a cruzarse con FICMEC y con David Baute, otro atrapador, y los tres –Cirilo, David y FICMEC– se inventaron Memoria mágica, uno de los productos más esperados cada año en el festival. Se trata de un proyecto mediante el cual un grupo de alumnos del instituto de Garachico realiza un documental que consiste en preguntarles a los mayores del pueblo acerca de un tema que será el eje sobre el que girará la película. Por ejemplo, el año pasado se habló de los amoríos de estos abuelos en los tiempos en que eran jóvenes. Este 2018 les preguntaron por rezados, ritos y supersticiones.

El resultado es doblemente satisfactorio: por un lado, la proyección de la cinta constituye, como he dicho, uno de los momentos culminantes de FICMEC porque nadie se quiere perder ese instante en el que la pantalla de cine arroja imágenes de personas que son los propios vecinos del pueblo; por otro, y esto es lo realmente importante, porque el pase de la película es el final de un epifánico proceso por el que estos chiquillos que apenas han comenzado a andar se detienen a escuchar a sus mayores (escuchar: «Prestar atención a lo que se oye»), los miran a los ojos y comprenden que sus vidas –las vidas de los viejos– fueron distintas en muchos aspectos pero casi idénticas en otros (como en el amor, que es un fenómeno intemporal). Entienden, en fin, que si ellos tienen hoy lo que tienen, si están vivos, es porque antes de ellos hubo un pasado. Un pasado que ahora ellos mismos atrapan.

 

Ramón Alemán
Foto Luz Sosa



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