El Norte también existe

El Norte también existe

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En la historia de los pueblos el sur siempre ha sido el gran olvidado: nuestra América Latina, África, el sudeste asiático… Eso fue lo que llevó al poeta Mario Benedetti a escribir aquello de que «el sur también existe», en un poema al que después le puso música Joan Manuel Serrat. Desde entonces, eso de que «el sur también existe» se ha convertido en una suerte de mantra reivindicativo de los desfavorecidos, de los olvidados.

En el caso de Tenerife las cosas suceden al revés, pues no podremos negar que tenemos un sur (el Sur, con mayúscula) dinámico, superpoblado y tal vez con mayor peso económico que la zona metropolitana, mientras que el Norte –y más concretamente todo lo que va desde San Juan de la Rambla hasta la punta de Teno– es un territorio casi incógnito para el resto de la isla: «el secreto de Tenerife», como llaman algunos a esa franja insular.

Sin embargo, yo conozco a unos cuantos vecinos de ese Norte a los que no se les ha perdido nada ni en la zona metropolitana ni en el Sur, y podrían ser muchos más si existiera más confianza (desde arriba y desde abajo) en las posibilidades de una comarca que ha sido capaz de inventar y hacer crecer productos económicos y sociales como el FICMEC, el Festival Internacional Boreal o el Festival Internacional del Cuento de Los Silos, por poner solamente ejemplos de actividad cultural.

Javier Tolentino, director y presentador del programa de Radio 3 El séptimo vicio, me dijo hoy que le gusta Garachico, y el Norte en general, porque «tiene mar brava y hay menos guiris». Eso es el Norte: una tierra acantilada, ruda, verde, rocosa, con playas de arena negra, no blanca; una comarca de gentes creativas, resilientes y combativas que se han sentido tan olvidadas por la capital como les ha ocurrido a todos los sures de Benedetti con sus respectivos nortes.

Y, a pesar de todo, contra viento y marea, el Norte existe. En estos días lo está demostrando con el FICMEC, que atrae a un público de todos los rincones de la isla, pero no deja de latir durante el resto del año, vengan o no los chicharreros y los laguneros a comprobarlo.

Esta gente de Garachico, de Los Silos, de Buenavista… –gente sureña del Norte– ya fue retratada por Benedetti en el poema El sur también existe, aunque él entonces no sabía que sus palabras también iban dedicadas a ellos: «Hay hombres y mujeres que saben a qué asirse aprovechando el sol y también los eclipses, apartando lo inútil y usando lo que sirve».

 

Ramón Alemán

Foto: Luz Sosa



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