07 Jun José García Casanova alienta a “no tirar la toalla” en la defensa del medioambiente de las islas
- El premio Brote Canarias de FICMEC llama a no rendirse y valora los logros alcanzados
Lo que debe hacer la ciudadanía de Canarias frente al deterioro medioambiental es “no tirar la toalla”; es la opinión del biólogo José García Casanova, premio Brote Canarias del Festival Internacional de Cine Medioambiental de Canarias (FICMEC) en 2026. “Muchos nos hemos visto tentados de dejarlo por imposible, como que aquí no hay manera. Los poderes fácticos siguen intactos; me refiero a los grandes poderes económicos que se sirven de las instituciones para llevar a cabo sus proyectos y eso incluye la gestión, la legislación, etc. Estos momentos no son favorables para los movimientos sociales, en general, ni para los ecologistas o medioambientalistas, en particular, pero no podemos cejar”, apunta en una conversación en el marco de la 28ª edición del festival. Al conceder su distinción, FICMEC valoró la coherencia de su trayectoria entre ciencia y compromiso cívico y su contribución a la protección de la biodiversidad y la gestión responsable de los recursos naturales de las islas.
Pregunta- ¿Cómo recibe este premio Brote Canarias de FICMEC?
Respuesta- Primero me quedé muy sorprendido, luego empieza uno a pensar quién fue el amigo que me propuso (sospecho algo) y luego está el agradecimiento. Otro sentimiento que me brotó nada más enterarme de la noticia es el respeto y quizás un poco la duda de si realmente soy la persona más indicada para recibir esta distinción y, bueno, no sé responder a esta última pregunta, pero lo cierto es que me alegró.
P- Desde el punto de vista de la perspectiva científica, ¿Qué se necesita para preservar el medioambiente en Canarias?
R- Estamos en una encrucijada, un momento muy crítico, porque, en las últimas décadas, especialmente en los últimos pocos años, la presión que se ejerce sobre el medio natural es inusitada, inédita. Hasta ahora no se había llegado a este punto de tensión, de ocupación del territorio, de destrucción de hábitats naturales y de amenaza para todas las formas de vida, incluida la propia especie humana.
Ante esta situación, para mí es fundamental que todos y todas hagamos lo que podamos para que este proceso negativo no continúe. Por lo menos, es un deber moral ofrecer razones y explicaciones para que se entienda que hay que parar. Hay que parar y hay que cambiar por completo de modelo.
Ya han salido decenas de miles de personas a las calles en los últimos años, manifestando justamente eso, que el crecimiento tiene un límite, porque tienen un límite el territorio y la biodiversidad. Hay que participar para que estas ideas poco a poco vayan calando, no solo en la ciudadanía, sino también en quienes son los responsables de la gobernanza y la gestión del territorio, de los recursos, para que perciban que esto es fundamental y que no se está haciendo de forma adecuada. A la vista está.
P- Si se pudiera dividir el medioambiente canario por sectores y hacer un ranquin de lo más amenazados, ¿qué diría? ¿la flora, la fauna, las costas o algún otro?
R- Yo creo que no podríamos dar un ranquin de prioridades, todo es importante. Si no hacemos una gestión adecuada de los recursos, si los sobreexplotamos, si comenzamos a permitir, como ya se viene haciendo, que espacios naturales tan emblemáticos, frágiles, únicos, como el Parque Nacional del Teide, sigan siendo presa de la masificación, fruto de una falta de control de visitantes… es inasumible. Es inasumible que el del Teide sea el parque nacional más visitado de Europa y uno de los más frecuentados del mundo, sobre todo teniendo en cuenta lo limitado de su superficie. Esto es insostenible y hay que cambiar muchísimo. Tenemos el tamaño y la fragilidad que tenemos; por tanto, hay que graduar la presión, la presencia humana, la frecuentación de los espacios naturales, adaptarla a esas características de espacios pequeños, fragmentados, reducidos y con unos valores intrínsecos por sus contenidos en geo y biodiversidad extraordinarios.
P- ¿Qué isla ve más deteriorada o más amenazada entre las ocho del archipiélago?
R- Sin duda, Gran Canaria y Tenerife. Hay otras islas donde algunas zonas puntualmente pueden tener más impacto, sobre todo, derivado de los procesos urbanizadores. Luego, en La Palma, después de la erupción de Tajogaite, se desaprovechó la oportunidad de mantener el nuevo territorio generado, darle una vuelta y convertir lo que fue un problema en una oportunidad, pero que respetara esa realidad geológica; se está perdiendo esa oportunidad.
P- Son muchos los años que lleva el movimiento ecologista con las mismas reivindicaciones en Canarias. ¿Qué pueden hacer la ciudadanía y este movimiento para hacerse oír?
R- Si la solución fuera sencilla, se supone que se habría hecho algo más. Los movimientos ecologistas, han sido señalados como “perroflautas” y que son los del no a todo. Yo creo que estas personas son para quitarse el sombrero y hay que levantarles un monumento, porque lo hacen de corazón y de buena fe y sin estar distorsionados por intereses espurios. Estas personas dedican unas energías, un conocimiento y una constancia que es para animarlos y animarnos a todos. No nos podemos rendir. Eso es lo primero, porque, desde el momento en que se afloje, la cosa se va para el otro lado y arrecia; por tanto, yo creo que hay que seguir propiciando los encuentros, las confluencias de todos estos grupos, tanto ecologistas como de reivindicación del patrimonio cultural, porque, al fin y al cabo, todo va en el mismo paquete; ejemplos claros son los casos de Cuna del Alma o del circuito del motor, en Tenerife. Cuna del Alma está declarado Lugar de Interés Científico por su importancia geológica, hay especies de plantas protegidas, hábitats de animales y recursos arqueológicos y lo están reventando, literalmente, todo está siendo machacado por una transformación brutal del territorio.
En el circuito del motor, lo grave es que el proyecto está auspiciado y financiado por la propia administración pública, en este caso, el Cabildo de Tenerife. No es una empresa de un particular o de un grupo económico, no. Es la propia administración, con todo el sinsentido; la sinrazón es absoluta.
Por desgracia, cuando se judicializan algunas de estas causas, tardan en salir las sentencias y, a veces, esa tardanza provoca que, al final, sale un dictado de un magistrado cuando ya no existe el bien que se pretendía proteger literalmente, se ha destrozado o te quedas ante la pregunta sobre cómo reponer lo que ha sido alterado —en el caso de Cuna del Alma—; también ocurre que, a veces, las sentencias dan la razón a quienes decimos que un determinado espacio no debería destrozarse como se ha hecho y se mantiene el destrozo a día de hoy —como ocurre con el circuito del motor—.
Hablo del patrimonio en sentido amplio, porque no solo se trata del natural, sino también del cultural y hay que continuar la batalla; no queda otra.

P- ¿Qué puede aportar la gente de ciencia de las islas y las universidades canarias para que se reconozca la amenaza bajo la que se encuentra el medioambiente insular?
R- La comunidad científica se ha posicionado frente a determinados proyectos, como ocurrió con el puerto industrial de Granadilla. Recuerdo perfectamente una pancarta encabezada por el profesor Wilpredt, sin ir más lejos, y después de toda aquella actividad se vieron ninguneados; fue una burla a la ciudadanía y a las instituciones científicas. Insisto, no se puede retroceder, no se puede cejar ante los intentos de frenar. Nos están dejando un futuro lastrado de desesperanza, un futuro envenenado, porque en, dos generaciones más, ¿qué va a tener la gente joven que heredar? Las entidades científicas siguen en estos movimientos, no solo las dos universidades públicas canarias, sino también el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que presentó alegaciones muy bien fundamentadas al proyecto de Plan Rector de Uso y Gestión del Parque Nacional del Teide, por ejemplo.
P- ¿Cuáles son los límites de la participación institucional en la defensa del medioambiente?
R- Yo estuve en el Patronato del Parque Nacional del Teide cuatro o cinco años. Se supone que estos patronatos son un órgano colegiado de colaboración con las administraciones gestoras, pero tienen trampa, porque cuentan con un representante de la Consejería de cuestiones ambientales del Cabildo de Tenerife; el órgano lo encabeza la presidencia del Cabildo; después están los ayuntamientos; el teleférico; un representante de la Universidad de La Laguna; otro, del CSIC; dos de grupos ecologistas y se acabó. Esto está trucado: las administraciones están hiperrepresentadas, mientras que los sectores relacionados con la ciencia y con la defensa del territorio y de la biodiversidad son una minoría Es uno de los motivos por los que yo renuncié a continuar ahí, porque me ponía mal; hay que romper todos esos moldes.
P- Con todos estos factores, esa hiperrepresentación, la lentitud de la justicia, el poder de los poderes fácticos… ¿dónde quedó la democracia?
R- Está secuestrada, como en tantos otros ámbitos. Los poderes fácticos se sirven por un lado de esas instituciones que deberían ser para la sociedad, eso se utiliza en algunos casos; ciertos medios de comunicación ponen su altavoz para difundir determinados relatos y se juega con una ciudadanía a la que todavía le falta un poquito de perspectiva, tanto histórica como de conciencia y de conocimiento científico. Realmente, en esta circunstancia bastante adversa es difícil que prosperen determinadas cosas que son, por otra parte, de una lógica absoluta.
P- Con flujos y reflujos, la movilización ecologista parece permanente desde hace décadas y ahora se ve mucha juventud movilizada. ¿Qué cree que aporta al pueblo canario la preservación del patrimonio natural como para ser capaz de mantenerlo movilizado por generaciones?
R- Realmente hay altibajos. Quizás nos falta recuperar la memoria de los éxitos y así vemos cosas que se consiguieron frenar en Canarias, como la protección de la zona de El Rincón, en La Orotava, la segunda Ley de Iniciativa Legislativa Popular de Canarias, aunque falta el plan director de ese espacio; también se aprobó por ley, tras la recogida de miles de firmas, la ampliación del espacio de protección en el Malpaís de Güímar; en Valle Gran Rey se paró un proyecto para crear una escollera en la playa… Es decir, creo que hay que recordar que ha habido pequeñas o no tan pequeñas luchas que han conseguido los objetivos planteados y eso puede animarnos, porque no todo está perdido ni siempre se pierde. También son una conquista las leyes de protección ambiental que son el marco legislativo canario: la Ley de Espacios Protegidos de 1987, que superó el bloqueo de los planes insulares de espacios naturales protegidos y que incorporó 100 de estos espacios a los cinco que existían entonces: los cuatro parques nacionales y el Parque Natural del Archipiélago Chinijo, que protege el macizo de Famara y los islotes. Gracias a eso hoy podemos disfrutar de unos espacios que están fuera del mercado urbanístico. Entonces hay que reivindicar y profundizar esas experiencias.
