Seaweed

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Apareció despistada, sonriente y con un teléfono en la mano para hacer breves traducciones del chino al español con las que hacerse entender, y eso que domina a la perfección el inglés, que es el segundo idioma en FICMEC; chapurreado para casi todos, pero inglés. Entró por la oficina de prensa, y se fue, y volvió una y otra vez sin que nadie –excepto el disco duro del festival– tuviera claro quién era, qué hacía en Garachico y por qué siempre estaba de buen humor.

Poco a poco fuimos sabiendo algo más de ella: es de Taiwán, vino a Tenerife porque estaba interesada en festivales de cine medioambiental y tiene un sentido del humor que salta, ágil y liviano, sobre la gigantesca barrera cultural que aparentemente nos separa. Ayer se sentó a hablar con los que estábamos en la oficina y se partía de risa cuando veía nuestra cara de asombro al contemplarla escribir con la velocidad del rayo esos caracteres tan raros que usan los chinos (y los taiwaneses).

Y, en un canto surrealista a ese fenómeno misterioso que hace que todos los seres humanos podamos entendernos sin grandes dificultades si así lo queremos, también se partió de risa cuando yo, frustrado por mi deficiente inglés, me arranqué por Chiquito de la Calzada y solté un «¡scandemoor!» cuya gracia ella pareció comprender.

Hoy sé que detrás de esa chiquilla que corretea arriba y abajo, cámara en mano, está Joyun Lee, una mujer de 35 años que hizo una licenciatura en biología marina y un máster en cinematografía, ambos en Taiwán. Allí trabajó como guionista freelance para National Geographic y para otras productoras, y hace tres años, después de ahorrar algo de dinero, se mudó a París con la intención de conocer diez festivales de cine medioambiental de Europa y escribir un libro sobre ellos.

Para tal fin cuenta con el dinero ahorrado y con una férrea voluntad, que es la que le permite dormir en cualquier modesto hospedaje –es lo único por lo que pregunta antes de viajar a rincones tan lejanos como Garachico–, aunque, según me contó hoy ella misma, el dinero se le está acabando y aún le faltan dos festivales para completar el libro… Estoy seguro de que lo logrará.

Otra de las cosas que nos contó el otro día Joyun Lee es que usa una especie de seudónimo: la voz inglesa Seaweed, pero, como al principio no la comprendimos, ella hizo un gesto con todo su cuerpo, una suerte de balanceo ingenuo con el que logró que entendiéramos sin palabras que ella no es otra cosa que una liviana hierba marina mecida por la corriente.

 

Ramón Alemán
Foto Luz Sosa



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