No esperan

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Nayara no espera. Joaquín no espera. Victoria no espera. Los jóvenes no esperan por nosotros, los mayores. El tiempo de la buena voluntad y de las palabras grandilocuentes ha llegado a su fin. Los telediarios repiten el mantra de que nos quedan menos de nueve años para cumplir los famosos objetivos de desarrollo sostenible de la Agenda 2030 de la ONU, pero me temo que la muchachada tiene su particular agenda, sus propios objetivos y una voluntad que va mucho más allá de la que mostramos las generaciones precedentes cuando teníamos su edad.

El FICMEC acogió este año el segundo Foro de Jóvenes de Canarias, que constituye una oportunidad para que personas como Nayara Acosta, Joaquín Black, Claudia Asensi, Damián Ramos, Victoria Ballesteros, Adriana González y Lucía Madrid hablen entre ellos, y también con los mayores, sobre qué es lo que debemos hacer ya (no mañana ni pasado) para que el planeta que venimos destruyendo desde hace varios siglos sea nuevamente un lugar hospitalario, o sea, un lugar «que acoge con agrado», según el diccionario de la Real Academia Española.

Esta definición del adjetivo hospitalario cobra especial importancia si nos fijamos en el comienzo del enunciado: acoge. La Tierra nos acoge. Dicho de otro modo, nos tolera, nos nutre y nos protege, pero seguirá existiendo cuando hayamos muerto; y tanto nosotros como nuestros padres y nuestros hijos somos simples visitantes. Lo único que están pidiendo los jóvenes es que no lo dejemos todo patas arriba antes de marcharnos, porque al final son ellos quienes tendrán que recoger la mierda (con perdón) que se ha venido vertiendo desde el comienzo de la Revolución industrial –que no es poca– por la simple razón de que ya no queda más sitio donde meterla.

Estos muchachos y muchachas vienen con las pilas cargadísimas y son poseedores de una sensibilidad y de un optimismo que me producen una enorme envidia, pero a la vez una gran tranquilidad, porque sé que si el futuro de la humanidad depende de personas como ellos, que ya están manos a la obra, la cosa está hecha.

Ramón Alemán
Foto: Luz Sosa



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